Tras su color dorado ámbar encontramos nuestro vino más complejo y sublime. En nariz, su aroma punzante nos lleva a la levadura, recuerdo de su crianza biológica, así como a frutos secos tostados que nos apuntan a su crianza oxidativa. En boca resulta seco, salino, con una acidez agradable, persistente y elegante. 18,5% vol.